Barcelona por primera vez: la guía que ojalá hubiera tenido antes de ir
Gaudí no es todo lo que hay en Barcelona. El Eixample, el Barrio Gótico, la playa y el mercado de Santa Caterina. Diez días en la ciudad más visitada de España desde una perspectiva latinoamericana.
Barcelona no es solo Gaudí, aunque Gaudí es genuinamente extraordinario
Antes de ir a Barcelona la primera vez, mi imagen de la ciudad era básicamente la Sagrada Familia. Esa iglesia en construcción desde 1882, con sus torres como estalactitas invertidas y su fachada que parece tallada en material orgánico. La conocía de fotos desde que tenía memoria y asumía que verla en persona sería lo más importante del viaje.
No me equivoqué. Pero tampoco estaba cerca de ver el panorama completo.
Barcelona es simultáneamente una ciudad mediterránea con tradición milenaria y una de las ciudades de diseño y gastronomía más avanzadas de Europa. Tiene la playa, tiene los bares, tiene los mercados y tiene algunos de los edificios más originales del siglo XX en un radio de tres kilómetros. Acabo de pasar diez días ahí. Aquí está lo que vi.
Cómo llegar: el Aeropuerto El Prat
El Aeropuerto de Barcelona-El Prat (BCN) es el segundo más transitado de España y tiene conexiones directas desde varias ciudades de Latinoamérica, especialmente Bogotá, Lima, Buenos Aires y Ciudad de México. Los vuelos a Barcelona desde el continente generalmente operan con escalas en Madrid o Lisboa, aunque algunas rutas tienen vuelo directo.
Desde el aeropuerto al centro de la ciudad en el tren Aerobus dura 35 minutos y cuesta 6.75 euros. El metro L9 tarda más pero es más económico. Los taxis desde el aeropuerto tienen tarifa fija según el destino dentro de la ciudad.
La Sagrada Família: lo que no te dice ninguna guía
La Sagrada Família lleva 143 años en construcción. Cuando la comenzó Gaudí en 1882, ningún arquitecto vivo esperaba verla terminada. Gaudí murió en 1926 atropellado por un tranvía cuando le faltaban las torres principales. El proyecto continúa hoy con tecnología de digitalización 3D que intenta imaginar lo que Gaudí habría hecho si hubiera podido terminarla.
El resultado de esa continuidad es un edificio que tiene simultáneamente la fachada de la Natividad —la original, la de Gaudí, con la densidad orgánica de un bosque tallado en piedra— y las fachadas más nuevas, completadas en el siglo XXI con una austeridad completamente diferente. Las torres más altas, terminadas en 2021, son geometrías abstractas de vidrio y piedra que hablan un lenguaje distinto al del resto del edificio.
Lo que cambia todo: el interior. La Sagrada Família por fuera es impresionante. Por dentro es una de las experiencias arquitectónicas más extraordinarias que existen en cualquier edificio en cualquier país del mundo. Las columnas ramificadas como árboles, la luz que entra por las vidrieras de colores y baña el interior de azul, verde y amarillo, la escala del espacio que se descubre cuando entras. No hay foto que lo prepare.
La entrada requiere reserva online con anticipación —semanas, en temporada alta, meses— y cuesta entre 26 y 36 euros dependiendo si incluyes la torre. Compra la entrada que incluye subir a una de las torres. La vista de Barcelona desde arriba, con los detalles de la fachada a nivel de ojo, justifica el suplemento.
El Eixample: vivir en el barrio que diseñó una ciudad
El Eixample —pronunciado "el ensanche"— es el barrio que se construyó en el siglo XIX cuando Barcelona derribó sus murallas y creó un nuevo plan urbano. El arquitecto Ildefons Cerdà diseñó una cuadrícula perfecta de manzanas octogonales con esquinas cortadas para que los cruces tuvieran visibilidad. Cada manzana tenía su propio patio interior verde.
El Eixample es donde viven las clases medias y altas de Barcelona y donde están los mejores restaurantes de la ciudad. El Passeig de Gràcia —el boulevard central del barrio— tiene la Casa Batlló y la Casa Milà (La Pedrera), los dos edificios residenciales más famosos de Gaudí, en la misma cuadra que tiendas de lujo como Gucci y Hermès.
La Casa Batlló, con su fachada de cerámica multicolor y su tejado de escamas de dragón, es el edificio más extraño y hermoso de Barcelona después de la Sagrada Família. La visita con la guía de audio inmersiva —que incluye proyecciones y música dentro del edificio— cuesta 35 euros y dura 90 minutos. Es cara pero es una experiencia de diseño que no tiene equivalente en ningún otro edificio del mundo.
El Barrio Gótico: la ciudad medieval bajo la ciudad moderna
El Barrio Gótico de Barcelona es el núcleo medieval de la ciudad: calles empedradas que en muchos puntos son demasiado estrechas para que pase un coche, plazas pequeñas con catedrales románicas, restos de la muralla romana del siglo I d.C. que asoman en algunos sótanos y secciones de calle.
La Catedral de Barcelona —diferente de la Sagrada Família, diferente de Santa María del Mar— está en el corazón del Gótico y tiene en su claustro interior una colonia de gansos blancos que llevan ahí desde la Edad Media. No es un cliché turístico: es una tradición real. Los gansos en el claustro de la Catedral de Barcelona son uno de esos detalles que la ciudad lleva 600 años manteniendo sin necesidad de explicación.
El Museo de Historia de la Ciudad (MUHBA) tiene en su sótano los restos arqueológicos de la Barcelona romana —Barcino— con mosaicos, columnas y estructuras de 2,000 años de antigüedad directamente bajo las calles del Gótico moderno. Uno de los mejores museos de la ciudad y de los menos masificados.
El Mercado de Santa Caterina: mejor que La Boqueria
La Boqueria es el mercado más famoso de Barcelona y en los últimos diez años se ha convertido en un problema: la mayoría de sus puestos atienden a turistas, los precios son de restaurante y los residentes barceloneses hace tiempo que no compran ahí.
El Mercado de Santa Caterina, en el barrio del Born a diez minutos caminando de La Boqueria, es lo contrario: un mercado de barrio activo donde la gente del Eixample y el Born hace la compra de la semana. Los puestos de jamón, quesos, aceitunas, frutas y verduras tienen precios de mercado real. El techo —diseñado por Enric Miralles, terminado en 2005— es un mosaico de colores que imita los colores de las frutas y verduras de dentro. Es uno de los edificios contemporáneos más bonitos de la ciudad y casi nadie que no vive en el barrio lo conoce.
La Barceloneta y las playas
Las playas de Barcelona son urbanas —puedes llegar en metro— y están en el agua del Mediterráneo, que en verano tiene temperatura de 24 o 25 grados. No son las mejores playas de España —Menorca, Cadaqués, las calas de la Costa Brava son incomparablemente más bonitas— pero la experiencia de tomar un baño y comer un bogavante al ajillo en un restaurante de la Barceloneta a las 2 de la tarde con el mar de fondo es peculiar a Barcelona y perfectamente disfrutable.
La Barceloneta tiene playas organizadas con socorristas, duchas y alquiler de hamacas. Más al norte, las playas del Poblenou son menos masificadas. Más al sur, el Delta del Llobregat tiene playas completamente vacías pero requiere transporte.
Hoteles en Barcelona por barrio
El Eixample tiene la mejor relación calidad-precio para hoteles de gama media: bien comunicado, bien ubicado, menos turístico que el Gótico. El Born y el Barrio Gótico tienen muchos apartamentos turísticos y hostales con carácter pero son más ruidosos. El Poblenou, el barrio creativo al norte de la Barceloneta, tiene precios más bajos y conexión perfecta en metro.
Para quienes combinan Barcelona con Madrid —lo más habitual en un primer viaje a España— los paquetes de viaje España con el AVE incluido son la forma más conveniente de organizarlo. El tren de alta velocidad entre Barcelona y Madrid tarda 2.5 horas.
Lo que no esperaba
Que el Park Güell —el parque público de Gaudí en la colina sobre el Eixample— tenga la mejor vista de Barcelona y que el barrio alrededor del parque sea uno de los más tranquilos y con más carácter de la ciudad. Que los mejores pintxos (pinchos vascos) de Barcelona estén en un bar sin nombre en el Eixample que los barceloneses conocen pero que ninguna guía menciona. Y que el Mediterráneo en agosto tiene una temperatura de agua que justifica cualquier viaje solo por eso.
Lo que me llevé
La Sagrada Família por dentro a las 9am antes de que llegaran los grupos. El olor de las aceitunas aliñadas del Mercado de Santa Caterina. El bogavante de la Barceloneta. Y la constatación de que Barcelona tiene suficiente profundidad para que cada visita descubra capas que la anterior no alcanzó.
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