Cartagena más allá de las murallas: los barrios que los turistas nunca encuentran
Getsemaní, las islas del Rosario, el atardecer en el Castillo San Felipe y la Cartagena que vive afuera del circuito turístico. Cinco días en la ciudad amurallada más hermosa del continente.
Cartagena tiene un problema de expectativas
Cartagena de Indias es una de las ciudades más fotografiadas de Latinoamérica y eso genera un tipo específico de expectativa: calles de colores, flores en los balcones, el mar al fondo. La Ciudad Amurallada cumple exactamente esa expectativa y en temporada alta, con temperaturas de 32°C y humedad del 90%, la experimenta mientras empuja a cientos de otros turistas con la misma foto en mente.
Lo que casi ninguna guía turística de Cartagena te dice: el tesoro real de la ciudad está en los márgenes de ese circuito central.
Acabo de pasar cinco días en Cartagena. Dos noches en el interior de las murallas y tres en Getsemaní, el barrio que en diez años pasó de ser "el barrio que no visites" a ser el corazón cultural de la ciudad. Aquí está lo que vi.
La Ciudad Amurallada: el circuito que sí vale la pena
La Ciudad Amurallada es un Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO y la declaración está justificada. Las murallas que rodean el centro histórico tienen entre 5 y 15 metros de altura, se construyeron a lo largo de dos siglos, y son la mejor obra de arquitectura militar colonial del continente. Caminar sobre ellas al atardecer, con el mar al oeste y la ciudad al este, es una de las experiencias más cinematográficas que ofrece Colombia.
El centro histórico tiene varios barrios diferenciados. El barrio de San Diego, en el norte de las murallas, tiene las casas más elegantes y los restaurantes más costosos. El Centro, alrededor de la Plaza de Bolívar, tiene la Catedral de Cartagena, el Palacio de la Inquisición (ahora museo) y el Banco de la República con una colección de arte colombiano que pocas personas visitan. El barrio de Santo Domingo tiene la plaza más famosa, la escultura de Botero, y los precios de comida más altos de la ciudad.
Para comer bien dentro de las murallas sin arruinarse: el Restaurante El Santísimo (cocina colombiana contemporánea sin los precios del restaurante de diseñador), las fruterías de la Plaza de la Aduana que hacen jugos de frutas tropicales en vasos enormes, y los puestos de arepa de huevo en las esquinas menos turísticas.
Getsemaní: el barrio que cambió más rápido que ningún otro en Colombia
Getsemaní está justo fuera de las murallas, al otro lado de la media luna. Fue el barrio popular donde vivían los esclavos libertos y los artesanos durante la Colonia, y durante décadas tuvo una reputación de peligrosidad que mantenía alejados a los turistas.
Hace unos doce años, artistas y emprendedores locales comenzaron a pintar murales en las paredes. Los murales atrajeron atención. La atención atrajo cafés y hostales. Los cafés y hostales atrajeron turistas. Los turistas atrajeron restaurantes y bares. El proceso fue más rápido de lo que cualquier ciudad puede absorber sin perder identidad.
Hoy, Getsemaní convive con su transformación de manera tensa pero creativa. La Plaza de la Trinidad —el corazón del barrio— tiene equipos de fútbol de niños jugando en el mismo espacio donde los turistas fotografían los murales. Los bares con cocteles de maracuyá comparten cuadra con tiendas de abarrotes que venden desde las 6 de la mañana. Los hostales con terrazas y hamacas están junto a casas de familias que llevan cuatro generaciones en el barrio.
Los murales de Getsemaní son el atractivo más honesto de Cartagena: son arte callejero de alta calidad, con referencias a la historia local, y son completamente gratuitos. Cuatro horas de caminata sin destino fijo por las calles del barrio los descubren mejor que cualquier tour organizado.
El Castillo San Felipe de Barajas
El Castillo San Felipe de Barajas está sobre la Loma de San Lázaro, a 20 metros sobre el nivel del mar, y fue el fuerte militar más grande que construyeron los españoles en toda América. La escala es sorprendente: túneles subterráneos que recorren el interior de la colina, terrazas desde donde se ve la ciudad entera y la bahía, cañones que apuntan hacia todos los accesos posibles.
Lo que más me impresionó fue el sistema de túneles: el sonido tiene una acústica diseñada para que cualquier ruido —pasos de soldados enemigos avanzando— se propague amplificado hasta los puestos de guardia. La ingeniería del siglo XVII funcionando con una precisión que en el contexto actual parece tecnología.
El Castillo está a 20 minutos en taxi desde el centro histórico. La entrada cuesta alrededor de 25,000 pesos para extranjeros. Visítalo temprano —antes de las 10am— para evitar el calor del mediodía y los grupos de tour.
Las Islas del Rosario: el Caribe real a una hora de Cartagena
Las Islas del Rosario son un archipiélago de 27 islas coralinas a unos 35 kilómetros de Cartagena, con agua de colores que van del verde al azul cobalto y arrecifes de coral con fauna marina abundant. Es el destino de día más importante desde Cartagena y también el más vendido por las agencias turísticas del muelle.
El problema de los paquetes organizados estándar desde el muelle turístico: los lanchas salen todas al mismo tiempo, van a las mismas dos o tres islas, y el "día de playa" incluye 90 minutos en la isla entre el desayuno en el bote y el regreso. Para muchas personas eso es suficiente; para quienes quieren experiencia real de buceo o snorkel en arrecife sano, no lo es.
Las alternativas: contratar directamente con los pescadores del barrio de La Boquilla al norte de Cartagena, que conocen los arrecifes menos visitados y organizan salidas más pequeñas a precios inferiores. O buscar operadores de buceo certificados que hacen inmersiones en los arrecifes profundos, donde los corales y la fauna están en mejor estado que en las zonas de playa turística.
El precio de los paquetes organizados desde el muelle turístico ronda los 80 a 120 dólares por persona todo incluido. Los paquetes directos con pescadores, 40 a 60 dólares.
Bocagrande: la playa de Cartagena sin pretensiones
Bocagrande es el barrio de rascacielos de Cartagena, construido sobre una península frente a la bahía a partir de los años 60. La playa de Bocagrande es la playa urbana de la ciudad: acceso libre, vendedores de mango, música vallenata desde los bares, agua del Caribe pero con la presencia de la ciudad encima.
No es la playa más bonita de Colombia —está lejos de serlo— pero tiene algo que las playas de resort no ofrecen: es el lugar donde la ciudad de Cartagena va a la playa cuando no es sábado y no es temporada alta. Los cartageneros de barrios populares, los turistas colombianos que prefieren la ciudad al resort, los estudiantes universitarios en grupos. Una tarde en Bocagrande un martes en agosto es la Cartagena más real que vas a encontrar.
Cómo llegar y los vuelos a Cartagena
El Aeropuerto Rafael Núñez (CTG) recibe vuelos directos desde Bogotá, Medellín, Cali y otras ciudades colombianas con altísima frecuencia. Desde fuera de Colombia hay vuelos directos desde Ciudad de México y Panamá, y conexiones desde el resto de Latinoamérica vía Bogotá o Medellín.
El traslado desde el aeropuerto hasta el centro histórico en taxi regulado cuesta alrededor de 15,000 a 20,000 pesos. El aeropuerto está a unos 20 minutos del centro.
Dónde alojarse según el presupuesto
La Ciudad Amurallada tiene los hoteles más caros y el ambiente más turístico. Los hoteles boutique en casas coloniales restauradas son hermosos pero costosos: entre 150 y 400 dólares la noche en temporada alta.
Getsemaní tiene hostales con habitaciones privadas y dobles entre 40 y 100 dólares, con mucho más carácter y sin salir del área central. El Chapí Hostel, Casa Relax y varios más tienen buenas reputaciones y están en las calles de los murales.
Bocagrande tiene hoteles de cadena con playa privada a precios intermedios y es buena opción para quien va principalmente a disfrutar el mar.
Para quienes combinan Cartagena con Medellín o el Eje Cafetero en un mismo viaje, los paquetes de viaje por Colombia con vuelos internos incluidos son la forma más eficiente de organizarlo.
Lo que me llevé
El atardecer desde las murallas de Cartagena, con el sol cayendo sobre el Caribe y la ciudad encendiéndose de otro color. El jugo de corozo —una fruta tropical de la región— comprado en un vaso con hielo en la Plaza de Trinidad. Y la certeza de que Getsemaní es el barrio más honesto de la ciudad: uno que todavía no decidió completamente quién quiere ser cuando crezca.
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