Río de Janeiro fuera del carnaval: por qué es mejor de lo que imaginas todo el año
Cristo Redentor, Lapa, Ipanema, Santa Teresa y la Floresta da Tijuca. Río es uno de los destinos más complejos y más hermosos del mundo. Acabo de volver y aquí está la versión sin romantizar.
Río sin el carnaval sigue siendo Río
La mayoría de las personas que viajan a Río de Janeiro lo hacen en febrero o marzo, atraídos por el Carnaval. Es comprensible: el Sambódromo durante el Carnaval es uno de los espectáculos humanos más extraordinarios que existen. Pero Río sin Carnaval es una ciudad que funciona en sus propios términos todo el año, y en muchos sentidos es más disfrutable cuando no tiene tres millones de turistas adicionales compitiendo por el mismo taxi.
Acabo de pasar ocho días en Río fuera de temporada. Sin el Carnaval, sin las multitudes peak, con la ciudad más o menos normal. Aquí está lo que encontré.
La geografía de Río: entenderla cambia todo
Río de Janeiro es una ciudad construida entre montañas y mar. No hay forma de exagerar lo improbable de su geografía: el Pão de Açúcar (Pan de Azúcar) se levanta directamente del océano, la Tijuca —la mayor selva urbana del mundo— cubre las montañas del interior, y entre esas montañas y el Atlántico se aprietan los barrios que concentran la vida de la ciudad.
Las zonas que más tiempo van a ocupar: Ipanema y Leblon (los barrios más caros y las mejores playas), Copacabana (más turístico y accesible), Lapa y Santa Teresa (histórico y bohemio), Urca (tranquilo, al pie del Pan de Azúcar), Centro (negocios, arquitectura colonial).
El transporte entre barrios: el metro de Río funciona bien pero cubre principalmente la zona sur y el centro. Para llegar a los miradores o a los barrios del norte, Uber es la opción más práctica. Los buses existen pero son complicados de entender sin conocimiento local.
El Cristo Redentor: el monumento que te deja sin palabras aunque ya hayas visto mil fotos
El Cristo Redentor tiene 30 metros de altura y está sobre el Morro do Corcovado a 710 metros de altitud. Desde su base, Río de Janeiro se despliega en todas las direcciones: las playas de Ipanema y Copacabana al sur, la Bahía de Guanabara con el aeropuerto al norte, las favelas en las laderas de las montañas, el Pan de Azúcar emergiendo del océano.
El monumento en sí ya es famoso. La vista desde ahí es la parte que las fotos no pueden comunicar.
La forma más práctica de llegar es en el tren de cremallera desde Cosme Velho, que sube por la Tijuca hasta la cumbre. El tren fue construido en 1884 y cruzar la selva tropical urbana en él tiene una atmósfera propia. Las entradas se venden online y se agotan especialmente en fines de semana: compra con anticipación.
Consejo que cambia la experiencia: llega en la primera función del día (generalmente 8am) o en las últimas de la tarde. La hora del mediodía tiene más aglomeración y una luz plana que no favorece las fotos. Al amanecer, con niebla baja entre las montañas y la ciudad despejando, el paisaje tiene una dimensión casi irreal.
El Pan de Azúcar: el mirador que nadie menciona como el mejor
El Pão de Açúcar no tiene el Cristo pero tiene algo que el Corcovado no puede ofrecer: el mar abajo. El teleférico sube en dos tramos —primero al Morro da Urca a 220 metros, luego al Pão de Açúcar a 396 metros— y desde la cima tienes a Copacabana directamente abajo, la bahía de Guanabara abierta, y el skyline de la ciudad contra las montañas cubiertas de Tijuca.
Al atardecer, el Pan de Azúcar tiene la mejor luz de Río. El sol cae detrás de las montañas y la bahía se vuelve rosa y naranja. Las personas locales de Urca suelen ver el atardecer desde las rocas de la orilla, abajo del teleférico, sin pagar el precio de la subida.
Ipanema y Copacabana: las playas y lo que hay alrededor
Las playas de Río son el corazón de la ciudad, no solo una atracción turística. Los lunes de sol a mediodía, los cariocas bajan a la playa. Los vendedores ambulantes pasan con el ritual de los mates y las espetinhas. El fútbol improvisado en la arena. El voleibol de playa. El ciclovía del malecón.
Ipanema es la playa preferida por los residentes de clase media-alta. Copacabana tiene más turistas y una atmósfera más relajada en términos de mezcla social. Leblon, al oeste de Ipanema, es la más exclusiva y tranquila.
La temperatura del agua del Atlántico en Río varía entre 22 y 28°C según la temporada. El agua es bañable todo el año.
Lo que nadie menciona: las corrientes del océano en Rio pueden ser fuertes en algunos puntos de Copacabana. Observa las banderas de aviso y las señales de los salvavideos. El Atlántico no es el Caribe.
Lapa y Santa Teresa: el Río que no sale en los folletos
Lapa es el barrio de los arcos del acueducto del siglo XVIII, reconvertidos en viaducto del tren, y de los bares que abren cuando el resto de la ciudad duerme. Los fines de semana —especialmente viernes y sábado— las calles de Lapa tienen música en vivo saliendo de cada bar, bailarines de forró y samba espontáneos en la acera, y una mezcla de personas que refleja el Río más democrático.
Santa Teresa está en la colina sobre Lapa, accesible en el tranvía histórico (el bonde) o caminando por escaleras. Es el barrio de los artistas, los estudios de cerámica, los cafés independientes y los restaurantes con terrazas con vista a la bahía. La Carioca da Gema, una de las mejores casas de samba de Río, está en Lapa y tiene música casi todas las noches de la semana.
La Floresta da Tijuca: selva en el corazón de la ciudad
La Tijuca es el bosque tropical más grande que existe dentro de una ciudad en el mundo. Cubre más de 30 kilómetros cuadrados en las montañas que separan la zona sur del resto de Río. Dentro de ella, las cascadas —la Cascatinha de Taunay, la Cascata do Horto— son accesibles por senderos que salen del propio barrio de Alto da Boa Vista.
Los miradores naturales de la Tijuca —la Vista Chinesa, el Mesa do Imperador— tienen vistas de Río que compiten con las del Cristo sin la misma cantidad de turistas. La Vista Chinesa, accesible en auto o Uber, muestra la Lagoa Rodrigo de Freitas, Ipanema, el Pan de Azúcar y el mar en un solo encuadre.
Para moverse con libertad entre los miradores de la Tijuca y los barrios del norte, alquilar un auto en Río es la opción más conveniente aunque el tráfico en la ciudad puede ser complejo en horas pico.
La comida carioca
El prato feito —arroz, frijoles, farofa, un trozo de carne y ensalada— es la comida de mediodía de los cariocas. Los botequins, los bares de barrio con mesas en la acera, lo sirven a precios que no encuentras en ninguna guía turística. 12 a 18 reales por un plato completo es el precio real; los restaurantes de Ipanema cobran cuatro veces eso.
La churrascaria a la brasileña es la experiencia gastronómica más importante del país para muchos visitantes: los espetos de carne que pasan sin parar mientras tú dices sí o no con un pequeño disco rojo/verde. En las churrascarias cariocas, el precio del buffet incluye todo —la picanha, la fraldinha, el cordero, los embutidos— y el valor varía entre 80 y 200 reales por persona según el establecimiento.
La caipirinha —cachaça, limón y azúcar sobre hielo— es la bebida oficial. En los bares de Lapa la hacen con maracuyá, con morango (fresa), con mango. La versión de maracuyá es particularmente buena.
Cómo llegar y cuándo ir
El Aeropuerto Internacional Galeão (GIG) tiene vuelos directos a Río de Janeiro desde Buenos Aires, Lima, Bogotá, Ciudad de México y Santiago. Es el aeropuerto principal, aunque el Santos Dumont (SDU), más cercano al centro, recibe vuelos nacionales.
La mejor temporada para visitar Río fuera del Carnaval es de junio a septiembre: menos lluvia, temperatura agradable entre 20 y 27°C, menos turistas. El verano (diciembre a marzo) es caluroso y húmedo pero con más vida en las playas y el ambiente más carioca.
Para combinar Río con el Nordeste de Brasil —Salvador de Bahía, las Lençóis Maranhenses, Fortaleza— los paquetes que incluyen vuelos internos hacen la logística considerablemente más eficiente dado el tamaño del país.
Lo que me llevé
El atardecer desde el Pan de Azúcar con la bahía naranja y el Cristo en silueta detrás. El frío inesperado de un miércoles de junio en Santa Teresa. La certeza de que Río es una de las ciudades más hermosas del mundo de manera objetiva, y que esa belleza existe todo el año, no solo en febrero.
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